Una vez al año, concretamente dentro de una semana en Francia, las “grandes economías” internacionales se reúnen en torno a una mesa para discutir cómo se va a conseguir hacer que las cosas mejoren, y que los tiempos cambien en lo que a un nuevo ciclo económico se refiere. Incertidumbre, miedo, indignación… muchos son los adjetivos en torno a esta reunión, pero creo que la próxima resultará especialmente interesante e importante.
¿Por qué? Por la sencilla razón de que las energías renovables van a estar muy pero que muy presentes en los debates, como una de las alternativas por las que se podría llegar a apostar más fuerte en los países miembros del G20, para conseguir abrir una línea de desarrollo que solucione la papeleta que tenemos por delante con respecto a la economía, que no es cosa fácil. Mientras algunas de las naciones apoyan continuar con modelos económicos que pocas novedades aportan (como el negocio de combustibles fósiles, la contaminación, y en definitiva todo lo rentable pero perjudicial para el medio ambiente), se espera que alguien, por débil que sea su voz, aproveche el momento y la oportunidad, y apueste por la sostenibilidad.
Porque no sólo está en juego la economía nacional, sino que de los grandes acuerdos que se producen en el G20 pueden salir soluciones que mejoren la calidad de vida de las personas y que, en definitiva, hagan que tenga sentido dicha reunión. Porque otro G20 como el del año pasado, mejor no.
Foto: Donkey
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