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La crisis energética y la búsqueda de alternativas. El motor de aire comprimido

Se acaba el petróleo, el calentamiento global ya es una realidad aceptada por todos, incluso los gobiernos y ante este escenario comenzamos a ver por doquier como aparecen nuevas tecnologías dedicadas a la generación de energía, a la reutilización de materiales, a la búsqueda de nuevos sistemas que reemplacen nuestra ya casi obsoleta y contaminante forma de vida.

El automóvil y toda la poderosa industria que ha creado a lo largo de su breve historia también está en crisis. Los grandes fabricantes tradicionales se tambalean a ambos lados del Atlántico y claman por ayudas gubernamentales para sobrevivir.

Estamos en crisis y eso es bueno, es bueno porque pese a todo nos estamos renovando, no podemos seguir explotando un modelo que inevitablemente nos lleva a la destrucción. De ahí que ahora comiencen a aflorar todas estas iniciativas para cambiar el modelo y cuando digo el modelo me refiero no sólo al económico, sino que a todo el complejo entramado depredador que nos hemos construido como cultura.

Y volviendo a la industria automotriz, también vemos como esta se esfuerza por renovar tecnologías que en un momento se plantearon como reales alternativas a la combustión de fósiles contaminantes, pero que fueron guardadas bajo llave u olvidadas por mantener intereses, beneficios y resultados sin importar el coste que ello implicaba.

Ahora vemos como salen al mercado las propuestas de coches híbridos, que mezclan un motor eléctrico con uno convencional para reducir consumo y niveles de contaminación.

También a marchas forzadas los grandes fabricantes investigan sobre nuevas baterías que hagan económicamente viable y suficientemente atractivo el planteamiento para los compradores.

En todas parte, la consigna de la industria automotriz es la de renovarse o morir; en el sentido más literal de la palabra.

Como he dicho propuestas hay muchas, hidrógeno, coches solares, metano, biodiesel, pero todo apunta a una rápida reconversión de la matriz energética para los motores.

De todas esas quiero destacar un planteamiento que si bien ya lleva varios años anunciándose como inminente, por motivos que desconozco no se ha llevado totalmente a la práctica. Me refiero al motor de aire comprimido.

En esencia el planteamiento es simple: Se trata de un motor que en vez de utilizar gasolina para mover sus pistones y así mover el coche, inyecta aire comprimido almacenado a presión en un depósito sellado y que se recarga de forma más rápida que la carga convencional de baterías eléctricas.

Desde el punto de vista de la emisión de contaminantes es una gran idea, ya que el motor en cuestión además de ser silencioso, lo único que emite por su “tubo de escape” es aire. Además tiene la gran ventaja –al contrario que el hidrógeno- que su almacenamiento no reviste ningún peligro ya que el aire no es explosivo.

Este revolucionario motor fue inventado por el francés Guy Nègre y se supone que ya debía estar en el mercado, ya que el fabricante Indio Tata, el mismo que pretende vendernos el coche más barato del mundo, con motor de gasolina claro, había comprado las licencias y comenzaría a fabricarlo según indicaron importantes medios de comunicación para su salida al mercado este año. Del tema nada se ha sabido.

Evidentemente esta no es la panacea, ya que había algunos detalles técnicos que solventar, pero por lo que se indicó tampoco eran extremos.

La gran ventaja además del factor contaminación de esta tecnología es su economía, ya que sólo se requiere de un compresor de aire para llenar el tanque a un coste de 1.5 euros lo que le permite una autonomía de 200 kilómetros y una velocidad máxima de 110 kms/h. en sus primeros modelos de coches urbanos.

Poco a poco vamos viendo como el factor tecnológico va cambiando, pero no se trata sólo de grandes corporaciones y gobiernos que lideren este cambio. Somos nosotros quienes tenemos y debemos ser parte activa, entender que nuestra presión como ciudadanos unidos tiene que dar resultados. Y esta presión parte por la información, el conocimiento y el entender que se trata de nuestro futuro, el de nuestros hijos y el de la humanidad. No se trata de volver a las cavernas y renunciar alegremente a lo que conocemos como civilización y humanidad, se trata de encontrar formas sostenibles, limpias y económicas que nos permitan vivir en un mundo limpio y en un planeta en equilibrio. Ese es mi trabajo, el tuyo y el de todos.

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