
Pues sí, la noticia ha caído como un jarro de agua fría sobre las compañías chinas que se dedican a la producción de energía eólica; y es que el gobierno del país asiático ha decidido que la producción es excesiva, y debe reducirse en nada menos que un 90%. Además, en un claro ejemplo de intervencionismo, el gobierno de Pekín ha ordenado a los bancos no conceder ningún tipo de préstamo o financiación a empresas que tengan proyectada la producción de energía eólica, siempre y cuando sean proyectos innecesarios por ya existir otros, o de baja calidad.
Hay que tener en cuenta dos interesantes variables, que son:
- Por una parte, China puede convertirse, en poco tiempo, en el indiscutible país líder en cuanto a producción de energía eólica, ya que se espera que duplique su capacidad de producción en tan sólo un año; esto le daría un fuerte impulso, ya que actualmente se encuentra en una nada desdeñable cuarta posición.
- Por otra parte, China tiene un elevadísimo índice de contaminación, y no sé hasta qué punto les interesa rechazar la producción masiva de energías renovables. Tal vez sería posible renunciar antes a otro tipo de fuentes de energía, como el combustible u otras más contaminantes, y aprovechar la gran pujanza que la industria eólica parece tener en dicho país. Sirva de ejemplo una imagen obtenida por satélite recientemente, y que demuestra la brutal contaminación que China está dirigiendo, a través del Pacífico, sobre otro de los gigantes de la contaminación: Estados Unidos.

En todo caso, parece que el gobierno chino está muy interesado en el modelo de desarrollo español en lo tocante a la energía solar y a la eólica, ya que en la Feria Internacional para el Comercio y la Inversión en China de este año se interesaron enormemente por la forma en que nuestro país está enfocando el asunto.
Todo apunta, pues, a que el principal error que ha cometido China a la hora de desarrollar su industria eólica ha sido el no controlar desde un primer momento a todas las empresas implicadas en el proceso de producción, lo que ha terminado en un descontrol absoluto que, evidentemente, no ha gustado nada al gobierno chino. Es una pena que toda esa energía y plataformas ya existentes, al final, vayan a desaparecer en vano.


