Los países parecen estar tomando cada vez más conciencia de que es necesario un cambio en la producción de electricidad. Así, algunos de ellos acaban de comprometerse a producir al menos el 20% de la electricidad total generada a partir de sistemas que partan de energías renovables.
El reto, realmente, es bastante grande, porque requiere una inversión muy importante en infraestructuras, que no siempre serán rentables. Atendiendo a esto, se han abierto nuevas vías de investigación, que han desembocado en lo que será el nuevo reto de las energías renovables para el siglo XXI: lograr predecir cuándo hará viento y dónde, y cuándo hará sol y dónde. Esta, según parece, sería una forma de obtener una altísima rentabilidad de parques eólicos y paneles solares, por lo que se ha puesto a la vanguardia de los desafíos tecnológicos.
Otra posibilidad muy interesante que se contempla es almacenar la energía eólica sobrante, para compensar la falta de energía solar cuando sea de noche, y tener siempre una reserva habilitada. El problema de esto es que resulta tener un coste muy elevado, y no se sabe si sería rentable invertir en esa línea de investigación mientras no se haya avanzado más en el campo de esas tecnologías.
Lo que sí se sabe es que, hoy por hoy, las energías renovables todavía son demasiado inestables como para lanzarse a reemplazar por completo al carbón, el combustible nuclear o el gas natural. Sin embargo, supone un auténtico paso de gigante en la carrera por construir un mundo un poco mejor, pero sobre todo más limpio. Y es que contando con las infraestructuras que hoy por hoy existen, comienza a no ser rentable mantenerse en las energías no renovables, ya que éstas están demostrando un altísimo índice de rentabilidad, si lo comparamos con el coste/rendimiento de otras fuentes de producción de energía.
Esperemos que no quede todo en papel mojado, y que la propuesta finalmente salga adelante.
Foto: Wiki
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